Tantas reseñas como sean necesarias

Por Funes

El otrora blogger y actual reseñador del suple cultural del diario gerenciado por grandes empresarios sin escrúpulos, publicó hace unos días una reseña del libro de nuestro amigo de campañas Ricardo Romero: Tantas noches como sean necesarias.
Aquí se lo rescata ya que dicho autor no tiene blog.
Y para que no vayan hasta Mavrakis, quien ya no escribe posts sino que publica las notas que han sido editadas en revistas o diarios... algo que respeto pero no comparto.




Publicado en Cultura, del diario Perfil, 1-4-07


Tantas noches como sean necesarias
Autor: Ricardo Romero. Género: cuentos. Otras obras del autor: Ninguna parte. Editorial: Gárgola, $22.
Nicolás Mavrakis

Hay dos libros de cuentos: los que buscan una concatenación de efectos distintos y los que encuentran uno permanente hasta el final. Tantas noches como sean necesarias, de Ricardo Romero (Entre Ríos, 1976), es de éstos. Su unidad de sentido, el nocturno. Un motivo que, como en la poesía romántica, desvanece las fronteras objetivas del mundo exterior para vivificar y excitar las subjetivas del mundo interior. El de los payasos perdidos en un barrio infernal; o el del soldado Wolf, que lee los pestañeos de un tubo fluorescente en una fábrica abandonada.
Si una noche infinita marca la conexión entre los sonámbulos de cada historia –deportistas exiliados, hermanas insomnes, enfermos caníbales-, también en ella se emplaza un Buenos Aires sutilmente desdibujado para ingresar a la categoría de lo siniestro.
Está la huella del cuento fantástico clásico en “Algo así como un viejo mendigo ciego”, por ejemplo, cuya atmósfera brota de una justa sucesión de palabras –espectro, mago, farsante- de la gente encerrada en un bar, que no logra describir lo que sucede. Pero ni la sintaxis de Romero –estilizada como en una traducción- ni las tramas de sus cuentos se interesan en el desapego de la tradición. Sí en sus propias posibilidades de explorarla y, a veces, enriquecerla. En ese sentido, los modos en que acopia y describe objetos y vínculos cotidianos con el don de narrar los detalles que orbitan alrededor de cada personaje son un punto clave. “La memoria de los objetos es imparcial, y para ellos el rencor es otra cosa”, dice la historia de un sujeto obsesionado con el falso suicida de una terraza. Amparados por la noche, esos flancos diarios –lo pequeño, lo fugaz-, aciertan el pasaje para absorber la irrealidad, la angustia y la alucinación que trasunta cada página del libro.

2 comentarios:

Mavrakis dijo...

Si a Mavrakis lo conocés, lo votás.

Funes dijo...

...pensá que tuvo que abandonar esa campaña...