Las performans de Funes

La primera
El tezto era medio extraño así que se me ocurrió apagar todas las luces del bar. El Tano de Arriba era, ¿fuíste? Bueno, y me prendí una vela y así leí. Con voz en pecho grité y grité. Nada raro. Pero mucha adrenalina, eso sí.


La segunda
Era en ese barcito bardito que se llama Campamento Huno. Telerman estaba a full con las clausuras así que no pudimos usar el subsuelo. Usamos el primer suelo. La clave era leer con unos zapatitos o algún objeto que simbolice el cuento. Llevé la foto de Vicente, mi gato. Y cuando leo la parte que no reacciona, que está tirado en el suelo y no reacciona: lloro. Desconsoladamente lloro y lloro y no se entiende lo que digo. Y despido a Vicente esa mismísima noche, a la vista de todos.


La tercera
En el Viejo Belgrano la onda era bar de birras. Había editado un cuento que hablaba de cómo me violaba una nena en el baño de un bondi que iba para Foz de Iguazú. Entonces para contrastar con la imagen, me puse un traje. Uno azul con rayas finitas. Y cuando me la “violo” empiezo a gritar, chupo el micrófono, grito desaforado, me desabrocho la camisa, salto, tiro mis anteojos y, ya más tranquilo, vuelvo a leer. Más tranquilo porque me había sacado las ganas.


La cuarta
Dicen que soy tucumano. Y dije no: soy el Súper Tucu Man. Me hice 3 logos (símil Súper Man - que es de otra provincia) y la gente votó en mi blog cuál le gustaba más. Con el logo ganador estampé una remera. La idea era leer, sacarme la remera y sortearla entre el público. ¿Qué pasó? Que también, mi blog cumplía 1 añito de vida justo ese 15 de noviembre de 2006. Entonces llevé una torta de mousse de chocolate que Lunita se encargó de estrellarme en la cara al momento de soplar la vela. Y tuve que leer con chocolate en la cara “En esa oficina pasó algo”. Y el mousse llegó a manchar la remera. Tanto tanto que ni valía la pena regalarla. Todavía la tengo, sucia en algún cajón.


La quinta
Me puse los cortitos. La camiseta de argentina y me paré en una mesa. Porque leímos en el cierre del ciclo de narrativa “Los Mudos”. Leí último un tezto durísimo. Pero de arenga. Porque al final del cuento, unos tipos se gritaban, dale dale vamo´eh, aguante, vamo´, vamo´ y la gente, para mi sorpresa, también empezó a gritar vamo´ vamo´eh vamo´.


La sexta
Era Neuquén. Era verano. Era el cuento que abuchearon en Acassusso. Un cuento que pedía una segunda oportunidad. Y le di una a más de 1000 km de distancia de Buenos Aires. El cuento que habla del puto no reconocido que se calienta con un negro de un bar y sus dientes brillosos. Un puto que se pone un traje. Como termina con tres tiros, dos en el pecho y uno en la cabeza, le pedí a la maquilladora profesional que teníamos en Neuquén que me dibujara los tiros. Me agregó unas ojeras que me dieron miedo cuando vi las fotos. No me imagino cuán doloroso habrá sido verme siendo neuquino pero se la bancaron: leí después de un show que duró 4 horas y logré que el tezto fuera ovacionado. Eso o que festejaron que terminábamos con las lecturas.


La séptima
El desafío me lo planteó Levín. Casi casi lo cumplo a rajatabla. Me pidió la no-performans. Me pidió que me defienda con el tezto. Que fuera ahí me parara tranquilito y empezara y terminara de leer sin ponerme un traje ni hacerme el loquito. Que no sea Funes, que sea Lucas. Que hablara desde el tezto. Así que empecé la noche, fui el primero y creo que fue la noche que más gente me felicitó.


La octava
Apenas hace un mes, mirá. Todos esperaban que me pusiera el traje de pulpo e hiciera payasadas porque la anterior no había podido hacer nada raro. Y los dormí.
Era un texto dividido en diez fragmentos al que le hice 6 copias. Recorté los fragmentos de modo que en cada papelito quedaran 2 fragmentos del cuento que iba a leer. Y les pedí encarecidamente que me siguieran (todos los presentes tenían un papelito): “ustedes tienen que leer conmigo, en voz alta, el fragmento que tienen en sus manos. Cada uno de ustedes tiene que seguir mi voz y leer a la par mía.”
Y leímos, todos a la par, el cuento entero. Porque todos tenían un pedacito del cuento que se repetía como si hubiera repartido 6 parlantes en todo el Pacha.
El aplauso, esta vez, no fue para mí sino que fue para todos.


La novena
La novena es este viernes. ¿Quién sabe? Tal vez sí me ponga el traje de pulpo. Pero eso sí, no dejes que te la cuenten como acabo de hacer: es un embole. Vení a verlo. Si no te gusta lo mío, te gusta lo de alguno de los otros 4. Y si no te gustan, te va a gustar el plato de comidas. Y si no te gusta la comida, alguien del sexo opuesto seguro seguro seguro te gusta. Porque vienen lindos ejemplares del sexo opuesto.
Ahora, pregunto: ¿te la vas a perder?

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Sí, me lo voy a perder.

Funes dijo...

Al fina alguien con huevos en este blog...

...ahora hace falta alguien que tenga nombre... y además huevos.